Los cambios dan miedo, si no fuera así, no serían significantes en nuestras vidas.
Cuando ya estamos cómodos, necesitamos abandonar el terreno y adentrarnos en cuerpo y alma a aquello que nos da pánico. Un paso tras otro hasta que, lo que parecía desafiante en un principio, se convierte en la zona zen que nunca creímos posible alcanzar.
Esa es una ley natural de la vida, ¿donde estaríamos si nos conformáramos con nuestros refugios de paz? Probablemente no hubiéramos pasado más allá de dos años durante la era de piedra. La curiosidad, los retos, la creatividad son las cosas que nos empujan hacia delante -cual propaganda de whiskey-. Sin embargo, el esfuerzo y el trabajo duro son los motores de esa máquina tan importante que es la imaginación.
No hay nada más rico que quedarse en la inercia, dejando que los hilos que manejan los demás nos muevan. Durante el colegio es así, estudiamos porque nos obligan a estudiar, algunas cosas que no son ni siquiera indispensables para nuestra vida adulta. En cambio. cuando tenemos que ir a la universidad, estamos bajo la presión del futuro incierto, del éxito incierto. Ahora que el reto está en nuestras manos inmaduras, somos nosotros los que decidimos como van a cambiar nuestras vidas.
Tengo pánico. Los cambios dan pánico, ¿qué voy a hacer el resto de mi vida? ¿En qué trabajaré? ¿Haré lo que me gusta o haré lo que me de plata?
Cliché, pero la vida es incierta y dañina. "Seguir los sueños" también. No se sí en un futuro le agradeceré a mis papás por impulsarme a esta carrera, que me gusta pero no me emociona. No se sí en un futuro me condene a mi misma si hago lo que me da la gana.
Sigo en la inercia, ojalá sus plegarias sirvan y resucite al tercer día.



