domingo, 9 de febrero de 2014

EL CICLO DE LAVADO.

No hay nada que me aburra más que lavar la ropa.
Sobretodo porque tengo que quedarme la media hora del lavado, vigilante. Al armastrote prehistórico que tenemos en la casa a veces se le da por explorar con el realismo mágico, caminando. Si uno se descuida, entre el enjuague y el secado, la muy chistosa empieza a bailar el mapalé de una baldosa a otra. Y es que hay que estar pendiente, porque si se cae, con ella no sólo acaba un ciclo de secado, sino también uno de la historia familiar. 

Igual, hay que darle su mérito. Ya no hacen lavadoras como esas, pero eso si, más de uno se ha llevado su corrientazo por usarla sin chancletas. #TeLoAdvertí #AbuelaStyle  





Un punto a favor de que me toque a mí, el perder media hora de mi vida cada domingo (que bien podría estar usando para ver televisión) es que tengo una excusa para meditar mi cartagenidad. Con el jardín exótico de mi abuela de fondo y  el réquiem/sonata/ópera mañanera de  PLATANITO, PAPAYA, A LA ODDEN es cuando me vienen a la cabeza cuestiones filosóficas del tipo, ¿para qué estoy hoy, pastel? ¿Ayaca? ¿Será que hoy sí vamos al festival del frito? ¿Será que los platanitos manzano ya están en temporada? Temas relacionados con el almuerzo y con la ausencia de este -porque la empleada no viene los domingos- .

Justo cuando estoy ahondando en temas más profundos (el clima que hará mañana, si me compro un brownie  para después de almuerzo o si ya mi abuelo desocupó el periódico, para poder leer los muñequitos) es cuando se detiene el ciclo y toca colgar la ropa. Es cuando todo lo socrático, todo lo aristotélico, de sentarse a mirar lejos mientras escucho a Lana del Rey, desaparece. 




Es cuando empiezan las peleas por sí pedimos arroz chino o lasaña, sí vamos a cine o nos quedamos haciendo siesta. El MIT ha comprobado que el 99.9% de mis planes familiares de domingo acaban en nada, porque 3/4 de la población estudiada deciden deliberadamente dormir hasta las cinco de la tarde. 

Usualmente cuando todos se levantan de su hibernación post comelona, nos quedamos viendo alguna película británica en Film&Arts. Hasta que mi hermana sale con que tiene que hacer tres carteleras para el lunes a primera hora. Mi mama se hace la loca y se vuelve a dormir. 

Ese es el ciclo de cada domingo. Empiezan con "la lavadora que camina" en la mañana y terminan con mi papá haciendo carteleras para ciencias, sociales y castellano, en la madrugada de los lunes. 

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