Hace unos días me encontré por casualidad a una amiga en el centro. Ella salía del Éxito con una bolsa de panes, un queso y una caja de zucaritas, y yo por primera vez en mucho tiempo llegaba temprano a clases. -No es que quiera llegar tarde porque sí, son los colectivos y el tráfico, lo que impiden el libre desarrollo de mi puntualidad-.
Nos saludamos como se saludan a las amigas del colegio, con los brazos abiertos y gritando como carretillero "ajá marica ¿qué más?"
Nos saludamos como se saludan a las amigas del colegio, con los brazos abiertos y gritando como carretillero "ajá marica ¿qué más?"
Mientras el reloj corría, nosotras nos quedamos en la mitad de la calle hablando como viejas comadres que se encuentran en un almacén de telas, después de 11 años de no verse. Si hubiéramos sido otras personas, más serias y ocupadas, ella hubiera cogido un colectivo y yo hubiera seguido caminando, bajo el sol de las dos de la tarde, hasta la universidad. Pero ella no tenía nada mejor que hacer y yo no quería seguir caminando bajo el sol achicharrador.
Marta, estilizado como Martha, que evolucionó a Marza y que mutó en marzito/marzo/marzico/marzita. había cumplido años hacía unas semanas, y yo, desde el día en que la llamé a felicitarla, le prometí enseguida su regalo. -Este año me he propuesto darle "un simple detallito" a todo-el-mundo. Esperando que todo-el-mundo, sea cortes y me devuelva el gesto. Representado en tarros de Nutella y orquídeas blancas-.
Con "Marzito" me quedé hablando un buen rato hasta que le dije que tenía que irme a clases, porque seguramente ya llegaba tarde. Ella me dijo que me acompañaba -seguro no tenía ningun Breaking Bad o Homeland que adelantar- y nos fuimos calle arriba, riendo de los mismos chistes malos y los mismos inside jockes de los que nos reíamos tres años antes, cuando aún estábamos en el colegio.
Al fin, llegamos a la universidad. Entramos al salón lleno, asistimos a una clase completa de guión de televisión e hicimos un trabajo en grupo, con compañeros que creían que ella era una estudiante más. A las cinco que se acabó, nos fuimos caminando hasta los colectivos.
Nos bajamos en Delipostres, donde por fin saldé mi deuda prometida, con un pudin de chocolate y fresas. Compramos papitas de limón con Kola Román, como para hacer un festejo post cumpleaños, y nos pusimos a hablar existencialidades. Llegamos incluso a ahondar en temas de derecho, filosofía y sociología. Una conversación profunda sobre lo que queríamos ser en nuestros futuros, lo que estábamos haciendo para que eso se cumpliera, hablamos de moda, de mi colección de revistas ELLE, Vogue e Infashion, de libros, de fotocopias. Ella me decía lo que quería conseguir con su carrera y yo le contaba que quería tener una educación británica del siglo XIX. Nos imaginamos como las grandes empresarias que queremos ser, el orgullo de nuestras familias, la envidia de todos los que nos caen mal. Fue una conversación inspiradora. Yo quedé con ganas de ser la próxima Rockefeller colombiana y ella quedo con ganas de cambiar la constitución y el país. Ambas queremos ser recordadas, queremos vivir por mucho tiempo en la memoria de las personas. No queremos vivir en vano. No queremos que nos condenen al olvido.
#UcaristicoMadnifico

