viernes, 7 de febrero de 2014

AMERICAN HORROR STORY

Lección #4 , nunca, pero jamás, nunca, nunca, jamás, jamas, nunca, nunca veas Thriller antes de dormir. 

Ayer empecé una maratón de AHS Coven. Para mi mala suerte, apenas terminó el tercer capítulo me entró sueño, y me dormí. Una siesta larga de cuatro horas. Que dio paso a una pesadilla horrible de tres días (a lo Inception) Hombres que caían del cielo envueltos en sangre. Casas construidas sobre cementerios profanos, horrores indescriptibles -que gracias a dios se me olvidaron- y torturas crueles, asquerosamente gráficas. Puedo dar fe de que Eli Roth dirigió mi pesadilla. 



Lo peor de todo no fue el sueño en sí, lo peor pasó cuando me levanté de la siesta. Eran las ocho de la noche, mi cuarto estaba oscuro y debajo de la puerta no había ni un rayito de luz. Me había quedado sola en la casa. 





Salí corriendo enloquecida, pensando que el sueño todavía estaba pasando y que era real. Mis papás no estaban, tampoco mi hermana. Mi abuela estaba sentada viendo televisión, pero no me atreví a hablarle, la escena parecía sacada de un cuento de los hermanos Grimm, me preocupaba que en cualquier momento se le volteara la cabeza a lo Linda Blair en el exorcista y empezara a corretearme por toda la casa empuñando el cuchillo de cortar carne. Me devolví de la manera más silenciosa posible hasta mi cuarto -que seguía a oscuras- Me armé del valor necesario para llegar hasta el "suiche" de la luz y prenderla. Bajo el amparo de mi lámpara de (vatios) encontré el celular debajo de un nido de sábanas, con 3% de batería, marqué y llame a mi mama. Que no contestó a la primera. 



Cuando al fin se dignó a cogerme la llamada, me contó que estaba en la casa de mi tía, con mi hermana haciendo una tarea ¿? que mi papa se había quedado encerrado en no se dónde, pero qué ya estaba llegando a la casa. El nivel de absurdo de la conversación no hacía sino ponerme cada vez más pasivo-histérica. 



No tengo la más remota idea de cuánto tiempo esperé a mi papá, pero estoy segura de que cuando llegó, percibió el desequilibrio mental por el que estaba pasando. Sobretodo cuándo me preguntó que qué quería comer y yo no le respondí. Me soltó un monólogo, mientras yo miraba con ojos perdidos la pared de la cocina -totalmente metida en el personaje que estaba representando-, le conté del sueño y después de que le hice prometer que vigilara por si alguien venía a asesinarme, me dormí por segunda vez. 







Cuando me levanté eran como las dos de la mañana, debo reconocer que la calma que sentí fue indescriptible. 


A esa hora prendí el televisor y me vi tres capítulos seguidos de Sex and the City por TBS (lo están dando otra vez, por si no sabían) A las cinco se levantó mi mamá, me hizo el desayuno y nos pusimos a hablar de los efectos secundarios para el cerebro de ver televisión antes de dormir. Lo curioso es que nunca he soñado con Jon Snow o Robb Stark, así qué la teoría queda desestimada por el momento. 


Me hizo prometerle que no seguiría viendo AHS, porque eso me iba a hacer daño y yo le hice prometer que me llevaría a almorzar afuera el domingo. Estoy segura de que pediremos lasaña de carne mientras vemos alguna película en  TNT y que esta noche voy a volver a tener pesadillas. 




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