viernes, 21 de marzo de 2014



JUEVES


Hoy comienza oficialmente el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias. A.K.A. FICCI. 

Gracias a un plan maquiavelico, que a la larga no fue tan maquiavelico, Caroso -mi amiga de toda la vida- y yo, nos conseguimos unas boletas para la inauguración del festival en la Plaza de la Aduana. A la hora, nos encontramos en el centro y llegamos temprano, demasiado temprano al lugar. Esperamos entonces, resignadas en nuestros incómodos puestos en general, a que comience la película. En menos de diez minutos ya tengo los muslos totalmente dormidos. 




Empiezan los discursos, el  de Salvo, el de Monika, el de la directora española de Ciudad Delirio y el del productor colombiano. Entonces, apagan las luces y empieza a sonar la salsa. Después de un tiempo, no puedo prestarle atención a la película, ni a las coreografías, ni a la trama, que no llega a tramar. La incomodidad es lo único que me interesa, un minuto más y las nalgas se me funden con las bancas de metal. De todas maneras, cada vez que la actriz se encuentra con el galán, la romántica empedernida que llevo dentro, olvida todo y da saltitos de felicidad. La estudiante de producción de medios, sin embargo, se da contra la banca de metal ante la falta de puntos de giro que de verdad cambien la trama. La película pide desesperadamente mejores historias secundarias, que soporten una historia central sin conflictos reales para sus protagonistas y con unos diálogos más bien flojos y sobreactuados. Aunque debo reconocer que me reí varias veces.

Toda la incomodidad queda en el olvido, cuando los actores comienzan a bailar vestidos de azul y aparecen los créditos. Nos vamos cantando, pero estamos decepcionadas; cansadas por los parciales y con un  hambre inmarcesible. Sin embargo, el nirvana se materializa a unas cuadras del Parque de Bolívar, bajo el nombre de  Crepes Express. 
Crepes Express es mi nuevo descubrimiento, uno de esos sitios bonitos, pequeños y cosmopolita que empiezan a poblar la ciudad. Adjunto información y fotos para que nos animemos todos y vayamos juntos a comer crepes de Nutella y fresas. 



Inspiración parisina. 


El menú, por si alguien se antoja.

Traducción: te los puedes comer en la Plaza de Bolívar, sin problema.

Nuestros crepes -obviamente- de Nutella y Fresas.



VIERNES

El miércoles anunciaron JOOO-OORNAAAAAADAAAAAA PEDAAAAGÓGICAAAAAAAA

Las Adrianas preescolar y universitaria se abrazan y bailan juntas el can-can. Aprovecho el día para dormir. En la tarde busco compinche cinematográfico. Mi tía aparece oportunamente al rescate. Son las tres de la tarde y el cuerpo pide siesta. Sin embargo, nosotras entramos a Lone Star de John Sayles. Nos acomodamos y vemos la quintaesencia de una película independiente. Con la lentitud de sus diálogos, esta tragicómica va cayendo lentamente en un profundo sueño. No hay sangre ni mortandad, tampoco historias de amor emocionantes que me mantengan despierta. Mi tía esta en las mismas. Las dos nos salimos del teatro antes de que la historia acabe. En un acto de grosería necesaria. El sistema nervioso necesita un café con urgencia. Un café y un croissant de queso de Juan Valdez. 

SÁBADO 

El sábado me levanto a las cinco de la tarde. Nadie me quiere acompañar a nada. DÍA PERDIDO.

DOMINGO

La ahijada de mi mamá viene de visita. Pasamos el día entre McDonald’s y Playland. A las cinco de la tarde, el día acaba en llanto. No conseguimos tickets suficientes para reclamar el caballo de la Barbie. La bebé se va para su casa. El llanto continua en la mía. Nadie quiere acompañarme al tributo* a Alejandro Gonzales Iñárritu. Me voy sola, luego de una pataleta breve de tres minutos. 

Director y directora (Monika Wagenberg) hablan. No me acuerdo de lo que dicen. Pero me queda la sensación de que Alejandro es un tipo hilarante e inteligente. Después de la intervención y de un India Catalina Honorifico.  Medio auditorio sale del teatro en estampida. Los siete gatos que quedamos nos vemos Amores Perros. Es la primera vez que veo una película del mexicano. 


WOW. No puedo decir otra cosa. WOW. La historia, los personajes, la trama; todo está muy bien construido. Amores Perros se puede comparar a cualquier Pulp Fiction que se le ponga adelante. Básicamente porque ninguna se queda corta en galones de sangre. A pesar de la visceralidad, el espectador conecta con cada personaje, con cada segmento. Siente que cada historia es parte de sí mismo: el dolor del corazón roto, el alivio momentáneo que brindan los pequeños logros, la desesperación ante la indiferencia. Todos nos hemos sentido así alguna vez. La película no deja cabos sueltos, ni preguntas sin responder. Es de esas que no se deben repetir. Para que la magia no se pierda. Para no advertir sus errores sino para recordarla con los tintes de la memoria, que son distorsionados, pero perfectos. 

EL DRAMA (todavía domingo, después de Amores Perros)


Salgo la primera del teatro, con la brisa en la espalda, la cabeza llena de ideas, y un hambre bestial. Son las diez de la noche y en lo único que pienso, es en una pizza Margherita en La Piccola. Camino sin darme cuenta hasta la Plaza de la Proclamación. Ahí muerta de pánico saco el celular y llamo a mi mamá, quien prometió ir a buscarme –y quien no dejo de mandarme mensajes de texto frenéticos durante toda la película tipo “Ya te voy a buscar” “Ya te voy a buscar”. 


El teléfono suena. La que contesta es mi hermana. Me dice que mi mamá, desesperada por la hora, salió corriendo –literal- de la casa. Que con el acelere que llevaba, no guardó el celular en el bolso y que tampoco se quitó la pijama. Devuelvo mis pasos al Teatro casi corriendo y con los ojos aguados. 


Las calles del centro otrora bulliciosas y concurridas, están ahora abandonadas y en silencio. Los faroles de luces amarillas no hacen sino reafirmar la película de horror que se empieza a formar en mi cabeza. En todos los ojos veo malas intenciones, traficantes de personas, violadores, asesinos en serie. Cuando por fin llego al Teatro y descubro que las puertas están cerradas, empiezo a jalarme el pelo como actriz protagónica en un thriller psicológico. Las lágrimas corren por mis mejillas sin disimulo. El puchero hace su aparición y es cuando empiezo a buscar en el bolso cualquier porquería que parezca un arma, y que pueda usar para defenderme. Lo que encuentro es decepcionante: un lapicero que podría usar a lo Rachel McAdams en Vuelo Nocturno; los audífonos del celular, que servirían para ahorcar al maleante si se pone a tiro; el tarrito del antibacterial haría las veces de un gas pimienta alternativo; y un montón de papeles y recibos inútiles que podrían pasar como el humo de los ninjas, cuando necesite escapar.

Los minutos se hacen eternos. Cuando una camioneta se parquea en la plazita del teatro, mi imaginación se apodera de mis facultades motoras. Salgo corriendo hacia las oficinas, pero me abstengo de entrar. Parezco un monstruo de circo; con el pelo revuelto y los ojos rojos de tanto llorar; además, debo estar roja como un tomate. Sé que si intento hablar, lo único que va a salir de mi boca son gritos ahogados. Me mantengo al lado de la puerta, escondida. Cuando creo que la camioneta se ha ido, me devuelvo a la fachada del teatro, a esperar a mi mamá y resignada, a la mala hora. Entonces es cuando mi salvación llega. Personificada en dos policías que se van para sus casas. Corro hasta donde están ellos y entre gritos y pausas prolongadas de llanto, me hago entender -creo-


Adriana: NO HAN VISTO (llanto) A UNA SEÑORA (llanto) DE MI MISMO TAMAÑO (llanto) CON EL PELO CORTO (llanto, en este momento, mis palabras son balbuceos ininteligibles)Policía 1: (seguramente pensando que me han atracado) No niña, no hemos visto a nadie así. ¿Por qué pregunta?Adriana: ES MI MAMÁ (AAAAAAA y llanto) ME VENÍA A BUSCAR (llanto y pausa dramática para que el policía evalúe la situación) Policía 2: (después de darse cuenta de que algo está evidentemente mal en mi psiquis pregunta con excesiva delicadeza) ¿Y usted... por qué esta así?Adriana: ES QUE YO (pausa porque me ahogo) SUFRO DE PARANOIAAAAAAA.

Entonces, cuando estoy pronunciando las últimas palabras  -incomprensible por el llanto- mi mamá aparece en la esquina. Con los brazos en jarras y una mirada más mortal que la de Medusa. No me atrevo a levantar la cabeza mientras corro sin dignidad a sus brazos. La abrazo y lloro en su hombro, mientras voy recibiendo los merecidos regaños uno por uno. 



Al final comimos pizza y vivimos felices hasta el lunes. 

sábado, 8 de marzo de 2014

CRÓNICAS DE UN DESASTRE ANUNCIADO

Aunque esta historia tiene lugar antes, durante y después de la entrega de los Oscars/Oscar/Oscares, los antecedentes de la misma se remontan semanas atrás, a aquel día que descubrí en Youtube (How To Cook That) un tutorial para hacer cupcakes de vainilla con la silueta de un Mickey Mouse de brownie en el interior. 



Al principio, me pareció una idea de lo más de sencilla: obvio, primero haces el brownie (FÁCIL) después haces los cupcakes (DUH) y terminas con la buttercream (REALLY? ESO ES TODO!?) Le calculé unas dos horas, entre cocinada, horneada y decorada. Me animé y el mismo domingo, en la mañana, antes de que empezara la transmisión por E!, me fui a Carulla (todavía en modo JUST DO IT) a comprar papel parafinado, bolsas Ziploc, Cocoa sin azúcar y el resto de los ingredientes, que salen aquí junto con la receta. También compré chocolate de cobertura para hacer las siluetas de decoración y chips de chocolate. 


Yo era Buddy Valastro y mi hermanita era mi ayudante, juntas, empezamos a hacer los brownies a las tres de la tarde; confiadas en que terminaríamos todo, antes de la alfombra roja a las cinco y media. Era nuestra segunda vez cocinando, desde aquellas infames galletas de Nutella. Igual nosotras nos sentíamos en Cake Boss, derritiendo la mantequilla, mezclando los ingredientes, ensuciando diez mil cucharas y platos, con un miedo absurdo de que la batidora nos fuera a pasar corriente. Cuando terminamos de preparar la masa, pusimos el horno a la temperatura que decía la receta, y esperamos... y esperamos... y esperamos, lo que pareció una eternidad, metiendo el cuchillo en la masa, rogando porque saliera limpio. Después de 45 minutos de lo mismo: mirada de reproche de mi hermana, grito pidiendo ayuda a mi mamá, regaño passive-aggressive, cuchillo sucio. Se nos bajó el ánimo: la montaña de platos sucios no hacía más que crecer, el suelo de la cocina estaba lleno de harina y chocolate, y en Twitter todo el mundo empezaba a escribir lo mismo "HORRIBLE EL VESTIDO DE NO SE QUIEN, ESPERO QUE HOY GANE NO-SE-QUIEN-SITO, ESE VESTIDO LE QUEDA MUY BIEN  A NO SE QUIEN CON SU TONO DE PIEL, HÁBLAME DEL PELO, ¡LOS ACCESORIOS! ¡LOS ACCESORIOS!" Yo estaba loca de la desesperación y mi hermanita no dejaba de repetir lo mismo ¿Porque quieres cocinar cupcakes? Bolis y raspaos Adriana, bolis y raspaos.

La mascota del equipo, Caperucita.


En algún momento de la desesperación colectiva por el "horno-que-no-hornea", mi hermana se fue a su cuarto a jugar Minecraft, dejándome sola, con la tarea de hacer los cupcakes y vigilar los brownies, que empezaban a carbonizarse. Gracias a Dios, mi madrina -que vive al lado y que oyó desde su casa el desastre en la mía- llegó a tiempo para salvarme: me prestó su horno, donde puse el resto de masa que no se cocinó y que tampoco se quemó, me dio un molde para poner más pudincitos y me dijo que por lo general los postres así, se llevaban unos buenos 45 minutos a una temperatura media/alta.

La verdad, los moldes de cupcakes a simple vista parecían perfectos para esta receta; la sorpresa sin embargo, fue grande, cuando los pudincitos no salieron como los de las espectaculares e irreales fotos de Pinterest y Tumblr, sino desinflados, minúsculos e insignificantes. 

Los terminamos haciendo sin el Mickey de brownie en la mitad.

En la constante ida y vuelta de una casa a otra, llevando y trayendo pyrex calientes, uno de ellos me rozó la piel cuando intentaba esquivar una puerta y ahora tengo una cicatriz que parece una lanza y un escudo africanos en el antebrazo izquierdo; en otro de los viajes, la gata de mi madrina casi se escapa; la buttercream me quedó asquerosa y estuve a nada de echarme a llorar. Si no hubiera sido por mi tía Chacha, quien tuvo compasión de mí, e hizo en dos simples pasos -que yo hubiera hecho en dieciséis- un merengue con claras de huevo y azúcar pulverizada. Como si mi día no hubiera sido suficientemente trágico, dicho merengue no alcanzó para todos los pudincitos, algunos cupcakes quedaron con unas horripilancias, que parecían hechas por un bebé de dos meses (uno de tres años seguro hace algo mejor) 


Mi hermana, -que volvió a tiempo para poner el merengue y sacar los cupcakes del horno- y yo, derretimos la cobertura de chocolate, la metimos en una Ziploc, que usamos como manga pastelera, cortando una de las puntas y tratamos de hacer, con el pulso de un borracho epiléptico, unas siluetas de Mickey. El reguero de antes, con las masas de brownie y cupcakes, eran una viruta de polvo, comparadas con "Chocogzila". Lo peor de todo fue cuando tuvimos que meter el chocolate derretido e hirviendo -que estaba sobre papel parafinado- en el congelador (no pregunten por qué la carne molida del almuerzo, tiene un ligero toque a chocolate Jet)

Todo el esfuerzo sirvió para algo. Si, nos demoramos unas cuatro horas y dejamos media cocina sucia, pero quienes probaron los cupcakes alabaron el sabor y a las pasteleras, y nosotras terminamos comiéndonos las placas de chocolate en que se convirtieron las siluetas de Mickey. ¿Qué hicimos con el brownie? Todavía está en la nevera, esperando que alguien compre helado de vainilla de Popsy para combinarlo. 



Este domingo haremos un Ombre Cake, WISH ME LUCK! 


*Academy Awards porque todavía no sé si es Oscars/Oscar/Oscares.

sábado, 1 de marzo de 2014

ESAS GANAS LOCAS DE CASARME

Últimamente, todos mis pensamientos, ya sean dalinianos, de éxito, reflexivos, intoxicados, radioactivo-explosivos o paranoicos a lo Eli Roth, llegan de una manera u otra a lo mismo, mi matrimonio imaginario. Pero primero aclaro, por matrimonio no me refiero al compromiso diario, la vida en pareja, lo trascendental, los hijos, la rutina. La verdad, lo primero que se me viene a la cabeza cuando me hablan de bodas, es este vestido de Elie Saab. Punto. 


algo blanco


Imaginar la ceremonia me ayuda a dormir en las noches. Mientras voy pensando y detallando el vestido, la propuesta, los anillos Cartier, las fotos, la comida y la rumba, entro, casi sin darme cuenta, a los dominios de Morfeo. 


algo nuevo




En las mañanas aburridas, me pongo a imaginar como sería el futuro señor Tragicómico del Caribe, especialmente cuando estoy haciendo fila en el banco, mientras espero al colectivo, o durante una clase soporífera. Gracias a que soy incapaz de poner la mente en blanco y simplemente no pensar, y a la larga lista de Hollywood crushes que tengo, por fin, después de mucho tiempo y esfuerzo invertidos, he logrado ensamblar todas las partes, ¡y la versión 1.0 ya está lista!



Mi One, tiene la cara de Robb Stark y los ojos de Jared Leto, el pelo de Jon Snow y la voz de Armie Hammer, el movimiento de caderas de Joe Manganiello en Magic Mike y el porte british de Tom Hiddleston, además, tiene la malicia de Christian Grey, el humor de B.J. Novak, el carisma de Jonah Hill y un poquito del genio de Tarantino, para darle sabor al día a día. 


Tarantino, Christian Grey, Joe Manganiello, Jonah Hill, B.J. Novak, Tom Hiddleston, Jon Snow, Armie Hammer, Jared Leto, Robb Stark.



Ese Frankestain, es al que imagino esperándome en el altar, impactado y con el corazón achicharrado de amor. Ya me pinto, caminando del brazo de mi papá, los dos hechos un mar de lágrimas, -aunque él se lo toma muchísimo peor que yo-. Con el pánico escénico de siempre, avanzo por el pasillo lo más dignamente posible. Pero me siento segura, esta vez estoy usando unos Manolo Blahnik. 

algo azul


Mi vestido va a ser este Atelier Versace, en la onda Art Déco. Lo vi en pinterest la semana pasada y me enamoré perdidamente ¡sobre todo porque es verde pistacho! Las flores de la iglesia definitivamente van a ser blancas, algo así como cuando Gatsby (en la película con Leo* DiCaprio) convierte la casa de Nick Carraway en una pasarela de Dior. 


algo que parece viejo... 



Mi boda imaginaria va a ser pomposa y gigantesca, ¡que se sepa que me estoy casando, carajo! Que repiquen las campanas de todas las iglesias en Cartagena. Porque definitivamente un matrimonio minúsculo no va con mi personalidad, A saber, que la tendencia de las ceremonias íntimas, surgió  gracias a las estrellas de cine y las celebridades, que se inventaban celebraciones simples, para no tener que invitar a los actores y cantantes que les caían mal.**






Obviamente, Frank y yo nos venimos a casar a Cartagena, a la iglesia donde he recibido todos los sacramentos católicos, algo que tendrá que entender mi nueva familia alemana, francesa o inglesa, quienes se quedarán por esos días en una casa espectacular en el Centro, y donde después se celebrará la fiesta. 




Hablando de la fiesta, ya tengo varios tableros en Pinterest donde he ido recolectando ideas específicas y detalladas sobre todo lo que quiero para MI día, que le pasaré en su momento a la planificadora. Si no quedan idénticas -las velas en los tarritos, las lucesitas de Navidad, las mesas, los dulces, los cócteles, la hora loca inspirada en el carnaval de Rio-, juro que lloraré y haré la pataleta más grande y horrible que alguna vez se haya visto en My Super Sweet Sixteen. Soldado avisado, no muere a manos de una bride-to-be. 





Espero que la propuesta me encoja el estómago y me haga llorar como una bebé, no pido un flashmob, pero Frankestain lindo, si estas leyendo esto -X años después- por favor toma nota. 







Para mis amigas, lo mismo, por favor. Antes de planear cualquier despedida de soltera, mírense Magic Mike y, ustedes también, TOMEN NOTAS. Gracias. Un buen detalle para comenzar, sería buscar la versión criolla de Chaning Tatum. Aunque también estoy abierta a la posibilidad de un musical en Broadway y a la cliché despedida en las Vegas; les advierto, si no terminamos ebrias en una suite del Caesar's Palace, acabaremos sentadas en la puerta de la casa de mi abuela, comiendo Natuchips con suero y Kola Román, mientras vemos pasar a los vendedores de peto y maní caliente. 





Dentro de poco escribo la segunda parte de esta entrega, titulada "Nuestra-luna-de-miel-por-Europa-África-y-Asia-que-duró-dos-años-porque-mi-Frankestain-es-un-conde-británico-y-no-tenemos-nada-mejor-que-hacer-con-nuestras-vidas-excepto-viajar-y-gastar-plata" 








*Leo porque somos BFF
**Sacado de la Tragikipedia.

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