martes, 25 de febrero de 2014

STREET STYLE CARTAGENA



¡Qué cansancio! 

Hoy me fui de Bill Cunningham por todo el Centro Histórico de Cartagena, tomándole fotos a la gente en la calle, algo conocido como Street Style. 

Sin rumbo fijo, pero con los ojos bien abiertos, caminé casi tres horas, con unos zapatos incomodísimos, sin tarjetas de presentación y bajo mi sol Caribe achicharrador, del que tanto me quejo





La verdad estaba muerta de pánico. Empecé a darme ánimos desde que salí de la casa, ademas de practicar un mini monólogo de presentación: "hola, mi nombre es Adriana, tengo un blog de moda, y quisiera saber si puedo tomarte una foto".  Rogaba porque no me saliera ningún gringo bien vestido, porque seguro que me hacía un ocho chapurreando inglés. 

Estuve a nada, de devolver mis pasos a los colectivos y regresarme a ver películas en la comodidad de mi cuarto. Sin embargo saqué valentía de donde no la tengo y me obligué a hablarle a la gente, muriendo de vergüenza a cada palabra que decía. 

Gracias a dios, todos fueron muy amables, y ninguno era anglosajón, -así que no tuve que sacar a relucir mi inglés de Lil Wayne, Beyoncé y Lady Gaga-. Todos esperaron pacientemente a que yo escribiera la URL del blog en una hoja y sonrieron cuando me disculpé por no tener unas tarjeticas de presentación, -apenas estoy empezando-.

Entre las cosas para resaltar, vi a Patrick Delmas en una esquina, pero como que adivinó mis intenciones, porque caminó excesivamente rápido, y este pecho no se iba a poner a correr detrás de el. También me encontré con muchos amigos de la universidad en diferentes partes y a diferentes horas. Toda una sorpresa, volver a verlos, saludarlos y ponernos al día con nuestras vidas. 

Como detalle gastronómico, encontré la gelateria MIA en la calle Nuestra Señora del Carmen, donde pedí un vasito de vainilla y chocolate -para ir a lo seguro- lo más chevere del asunto, fue que apenas me senté, empezó a sonar We Will Rock You, #GodSaveTheQueen. Casi que me paro a hacer mi caminata flawless a lo Freddy Mercury en la mitad del restaurante, pero me entretuve con Snapchat e Instagram y dejé pasar la vibra LadyGodiva

Ahora y sin más preámbulos, mis pies cansados y yo les presentamos la primera entrega de Street Style en las calles de "La Fantástica".

















 Detalle: sus sandalias son Burberry Prorsum s/s 11 








Espero poder comprar una cámara buena dentro de poco, para sacar ese lado Testino/Demarchelier que tengo escondido. 

Tumblr http://tragicomediacaribe.tumblr.com/


viernes, 21 de febrero de 2014

PROCRASTIJUEVES

Los jueves sin clase se hicieron para ver documentales de Rock & Roll en Youtube, para adelantar capítulos de Poirot y para cantar el álbum de Beyoncé completo frente al espejo. Los jueves sin clase se hicieron para levantarse tarde, desayunar en la cama, y bañarse temprano, se hicieron para hacernos creer que podemos ser mejores personas, que "hoy si empiezo a cumplir las resolutions de año nuevo", que hoy si me le mido a practicar capoeira. Los jueves sin clase son el oasis entre tanto tiempo libre, unas vacaciones de las vacaciones, un remanso de inercia en la inercia misma. 





Ayer fue jueves sin clase, hoy es viernes -con clase hasta las seis de la tarde- acabo de ver el reloj, son exactamente las tres y media de la madrugada. A mala hora me llegó la inspiración para escribir.

 Los jueves sin clase son largos, aburridos, llenos de esperanzas para el fin de semana, son todo ideas, listas y cuadernos. Los jueves nadie te habla, twittea, o pone likes en tus fotos, nadie quiere contactarse contigo. Sin embargo parece que todo el mundo tiene algo urgente que decir los lunes y martes, cuando vas caminando por una calle desierta y el celular no está en silencio. 

Los jueves están hechos para sentir rabia, desesperación, alegría, están hechos para consentir a la hermana menor, para comer el último pedazo del pudín de cumpleaños, para acabarse la Coca-Cola de emergencia de la abuela, están hechos para crear nuevos tableros en Pinterest, para ver late night shows a las doce del medio día, para hablar sola y para ver películas de Tarantino por televisión. 

Ayer empecé a aprenderme Let it Go en piano, y eso es, básicamente lo único que hice de provecho en el día, a diferencia de los pasados martes y miércoles, que pasé entretenida viendo películas gratis en la Cámara de Comercio y escondiéndome de gente que no quiero saludar en el centro (un nuevo juego que me he inventado; si me les pierdo, gano) 

Mis jueves se han convertido en un montón de papeles esperando pacientemente en el archivador, con un gigantesco PENDIENTE en mayúsculas, negrita y color rojo. Se supone que es el día preciso para hacer todo lo que no he hecho en meses: las entrevistas que tanto tiempo he pospuesto, las averiguaciones académicas que tengo pendiente, las películas, series y libros que quiero ver, adelantar y leer; los regalos que quiero comprar, las recetas nuevas que quiero probar, los posts que se me han ocurrido pero que no he tenido ánimos de escribir. Además, tengo que mejorar el SEO de este blog, aprender coding y producir un flashmob. Sobrevivo al estrés con toneladas de tiempo perdido en Tumblr.     

Ya va siendo hora de que me consiga un asistente o de que cree un imperio. 



miércoles, 19 de febrero de 2014

LA POSTERIDAD.


Hace unos días me encontré por casualidad a una amiga en el centro. Ella salía del Éxito con una bolsa de panes, un queso y una caja de zucaritas, y yo por primera vez en mucho tiempo llegaba temprano a clases. -No es que quiera llegar tarde porque sí, son los colectivos y el tráfico, lo que impiden el libre desarrollo de mi puntualidad-.
Nos saludamos como se saludan a las amigas del colegio, con los brazos abiertos y gritando como carretillero "ajá marica ¿qué más?" 

Mientras el reloj corría, nosotras nos quedamos en la mitad de la calle hablando como viejas comadres que se encuentran en un almacén de telas, después de 11 años de no verse. Si hubiéramos sido otras personas, más serias y ocupadas, ella hubiera cogido un colectivo y yo hubiera seguido caminando, bajo el sol de las dos de la tarde, hasta la universidad. Pero ella no tenía nada mejor que hacer y yo no quería seguir caminando bajo el sol achicharrador. 




Marta, estilizado como Martha, que evolucionó a Marza y que mutó en marzito/marzo/marzico/marzita. había cumplido años hacía unas semanas, y yo, desde el día en que la llamé a felicitarla, le prometí enseguida su regalo. -Este año me he propuesto darle "un simple detallito" a todo-el-mundo. Esperando que todo-el-mundo, sea cortes y me devuelva el gesto. Representado en tarros de Nutella y orquídeas blancas-.

Con "Marzito" me quedé hablando un buen rato hasta que le dije que tenía que irme a clases, porque seguramente ya llegaba tarde. Ella me dijo que me acompañaba -seguro no tenía ningun Breaking Bad o Homeland que adelantar- y nos fuimos calle arriba, riendo de los mismos chistes malos y los mismos inside jockes de los que nos reíamos tres años antes, cuando aún estábamos en el colegio. 

Al fin, llegamos a la universidad. Entramos al salón lleno, asistimos a una clase completa de guión de televisión e hicimos un trabajo en grupo, con compañeros que creían que ella era una estudiante más. A las cinco que se acabó, nos fuimos caminando hasta los colectivos.

Nos bajamos en Delipostres, donde por fin saldé mi deuda prometida, con un pudin de chocolate y fresas. Compramos papitas de limón con Kola Román, como para hacer un festejo post cumpleaños, y nos pusimos a hablar existencialidades. Llegamos incluso a ahondar en temas de derecho, filosofía y sociología. Una conversación profunda sobre lo que queríamos ser en nuestros futuros, lo que estábamos haciendo para que eso se cumpliera, hablamos de moda, de mi colección de revistas ELLE, Vogue e Infashion, de libros, de fotocopias. Ella me decía lo que quería conseguir con su carrera y yo le contaba que quería tener una educación británica del siglo XIX. Nos imaginamos como las grandes empresarias que queremos ser, el orgullo de nuestras familias, la envidia de todos los que nos caen mal. Fue una conversación inspiradora. Yo quedé con ganas de ser la próxima Rockefeller colombiana y ella quedo con ganas de cambiar la constitución y el país. Ambas queremos ser recordadas, queremos vivir por mucho tiempo en la memoria de las personas. No queremos vivir en vano. No queremos que nos condenen al olvido. 





#UcaristicoMadnifico 







domingo, 16 de febrero de 2014

La Moda Pasa, El Estilo Permanece.


Ayer la abuela Aynelsa cumplió 83 años. Sus amigas y parientas vinieron, hablaron, se rieron, comieron cerdo con tocineta y ensalada de papa, y después cantaron el cumpleaños feliz. Yo me quité los zapatos, aprendí a tocar Let it Be en el piano y comí bastante pudín de vainilla de Patricia Berón. Fue un cumpleaños común y corriente, con las mini peleas y mini confusiones que tienen todos los cumpleaños comunes y corrientes. 
Como un preludio del final de la velada, una señora con una guitarra entró por la puerta y cantó varias canciones, todos escucharon y aplaudieron y todos quedamos contentos. 









Hasta que las invitadas se fueron. En grupos, en taxis, en carros y camionetas, así como llegaron, solo que sin los regalos que traían al principio, y que reposaron toda la noche sobre la cama de la abuela. Jabones y cremas, telas y toallas. Lo necesario para sobrevivir a la vejez; para no dejarse vencer por el tiempo, para combatirlo con belleza y con estampados florales, con agua de rosas y crema para las manos. 

No les pregunté donde habían comprado aquellas blusas tan elegantes, o aquellos pantalones tan cómodos. Me limité a retratarlas con el celular, a explicarles que necesitaba las fotos para un artículo que estaba escribiendo sobre el estilo personal de vestir, sobre el controversial "buen gusto", sobre la elegancia de otras épocas. No les solté todo ese rollo filosófico. Pero casi. Fueron muy amables, me pidieron que les indicara como posar para lograr una buena foto y yo me hice la Demarchelier como pude, sin embargo mis dotes naturales de fotógrafa son nulos, como se puede apreciar en las fotos de abajo. 

Lo que más admiro de este grupo de mujeres, es su palpable originalidad y personalidad. Reinas indiscutibles del imperio de la confección y la costura, sus conocimientos van más allá de mi limitada visión del mundo prêt-à-porter. Por eso, y como lección aprendida, antes de mandar a hacer un pantalón, una blusa, una falda, consulto con mi abuela y tías, mis asesoras de textil particulares, desde aquella vez que, fruto de la ignorancia compré tela de mantel para hacerme un vestido. 

Ellas, jamás caerían en semejante error. Se desenvuelven como expertas en ingeniería nuclear en todos estos almacenes, escogiendo, peleando y lanzando esas miradas asesinas, que hielan la sangre, adquiridas con la maternidad. Observan, preguntan y siempre tienen la razón. No hay mejores telas que las que ellas escogen, no necesitan de una Vogue o una ELLE, encuentran el oro donde nuestros ojos solo perciben oscuridad.

Sus ideas no son controversiales, una ida a la modista es comparable al momento en el que el diseñador manda sus bocetos al taller. Ellas son sus propios Chanel y Dior, Óscar de la Renta e Yves Saint Laurent. Se inspiran en el día a día, pero su esencia permanece intacta.   


¡Feliz Cumpleaños Abue!






viernes, 14 de febrero de 2014

EL AMORT



Desde chiquita, he sido una fanática de los romances en las películas. Una tragedialiber.
Shakespeare in Love, Moulin Rouge y Titanic ocupan los primeros puestos en mi larguísima lista de dramas para llorar, junto a Dumbo y Bambi de Disney y la máquina del llanto Stark, Game of Thrones. 





Es la hora y todavía aplaudo en silencio, cada vez que una trágica pareja logra -POR FIN- unirse, en una trágica película, antes de los créditos. Sufro y me alegro con ellos y soy feliz cuando los malos no logran separarlos y me enfurezco con todo aquel que quiera acabar su romance. Es la única manera de afrontar esta vida sin drama, sin finales felices y sin el One. 

Todo esto, porque hoy es San Valentín y yo estoy aquí, sola como un hongo, leyendo la revista ELLE y engordando. Sin nadie que me traiga unas flores horrorosas o una caja de chocolates Ferrero a la casa. Carajo, ni siquiera alguien que me escriba cosas bonitas por whatsapp. Todo lo que recibo es "¿cómo estas? ¿Dónde estas? ¿A qué hora llegas?" de mis papás. 

Deprimente. 

Como no tenía plan alguno, me puse a hablar con las personas que viven conmigo. Que son un poco. Mi mamá y mi papá, que estaban viendo CSI. Mi abuelo y abuela, que estaban viéndose Yo Me Llamo. Donde mis tíos también estaban pendientes del reality. Pero eso no me importó, y a todos interrumpí con la misma cantaleta. Fueron muy buenos old sports, hay que reconocerles, se tomaron su tiempo -entre propaganda y propaganda- para contarme algunas de sus historias románticas. A las que he titulado La Procesión, La Propuesta y La Conquista. 



La Procesión. 

La mama de ella fue quien lo vio a él por primera vez. Fue la primera que pensó que él y su hija harían la pareja perfecta. Ella escuchó la historia que le contó su madre, de aquel hombre tan inteligente. Pero no le prestó atención. Un día, los dos coincidieron en una procesión religiosa. Él iba en una fila y ella iba en otra, junto a la celestina de este cuento. Ambas mujeres estuvieron toda la jornada más pendientes de él, que de las oraciones y los rezos. 


La Propuesta. 

Ellos iban en el carro, el iba manejando. 
De la nada y casi indiferente, le soltó la pregunta "¿Oye, por qué no nos casamos?" . Ella no se acuerda de lo que le dijo, pero seguro aceptó. El vestido de novia es la prueba. Todos dicen que está llenándose de polillas en algún closet de la casona, pero nadie sabe con certeza en cual. 
No hubo anillo. El compró una estufa para el apartamento donde vivirían. Pero ninguno de los dos aprendió nunca a cocinar. 



La Conquista. 

Ellos vivían en la misma calle. Para él fue amor a primera vista. Cuando se le declaró, ella lo rechazó de plano. Le dijo que estaba pensando en sus estudios y que ella no se iba a complicar por un hombre, ni siquiera por el. Pero él no perdió la esperanza. Persistió en su empresa y tentó su suerte, más que cualquier otro hombre en la historia del amor. A veces, presa de la desesperación, llegaba a contemplar la posibilidad de suicidarse. 
En momentos pensaba en matarla a ella, en momentos, al hombre sin rostro que se convirtiera en su marido. Rozó los límites de la locura. Su ánimo iba en picada, empezó a dudar de sí mismo, de su valía. Se dedicó a conquistar mujeres. Durante una época alcanzó a tener cinco novias. A quienes visitaba, sistemáticamente, en bicicleta. Cuando ella se graduó del colegio, el volvió a intentarlo, pero la respuesta no fue distinta, ella le dijo que tenía que esperar a que su hermano terminara la carrera de medicina. 

Ocho años después, ella accedió a ser su novia. El no creyó que tanta felicidad fuera posible.





miércoles, 12 de febrero de 2014

PRIMER DÍA DE CLASE


Ayer fue mi cuarto primer día en dos años.

 Espero con el corazón, que sea el último dentro del tiempo que dura esta carrera. Por ahora, mis sueños de éxito a lo grande están borrosos, perdidos en la distancia. No creo que se hagan realidad dentro de poco. Pero yo sigo creyéndolos, es más fácil así. 



Para afrontar lo que serían mis primeras clases, ayer me pase haciendo buenas obras durante toda la mañana (para llenarme de karma positiva): regalé un pan de queso a un señor que me pidió limosna afuera de Carulla, di los buenos días en los colectivos -el lunes me pasé diciendo buenas tardes desde las ocho de la mañana-, me encontré a una amiga que cumplía años y me faltó poco para decirle a la señora del chuzo de los celulares, que le cantara el cumpleaños feliz conmigo -de la que te salvaste Ale-. 
Todo me estaba saliendo bien, excepto por el calor achicharrador constante de esta ciudad. 

Sin embargo, tenía miedo. Dos de la tarde, sol inclemente, medio centro que caminar y yo no tenía ni idea de a que salón tenía que ir, mucho menos como era el horario. No sabía siquiera si llegaba tarde o temprano. Espanté la ansiedad como pude, y de la manera más digna posible caminé el resto de cuadras que me faltaban con esta canción en la cabeza, ignorando el peso de la infalible mochila estudiantil al hombro, y el hecho de que no tenía curitas para las vejigas que me estaban haciendo los zapatos nuevos. Cuando me percaté, la verdad me golpeó como un rayo, oficialmente había entrado a clase. 

kit universitario


Además del estrés en exagere de los primeros días, lo usual, es que estos, estén llenos de prejuicios; quien se ve inteligente, intenso, burlón. Uno registra cada espécimen mientras pretende escuchar al profesor; quien esta bueno; quién se parece a menganejo, perencejo o sutanejo; de quién podría ser amiga; que tal son los profesores; a quién hay que decirle maestro y a quien se le trata de usted. Esos primeros días, sola como un hongo, todo se ve diferente. Todavía no hay una amiga cotorra con quién chismosear una clase completa, ni un amigo que mame gallo, no está el que escucha los problemas en silencio y tampoco con el que se puede hablar de música, cine y libros en modo hipster. 

Eso es lo malo del primer día, el miedo, la angustia, viene el pánico escénico y es cuando uno empieza a rezar el ángelus, rogando para que no se le salga un peo a la mitad de la clase de Salud Ocupacional. 



Gracias a la virgen, los ángeles y Meryl Streep, me encontré con dos amigos, lo que hizo que este primer día no fuera tan horrible como los demás. Con ellos pude hacer grupo y leer las copias que mandó el profesor. Que nos hizo salir 20 minutos más tarde; lo que no estuvo del todo mal, porque la tarde-noche estaba fresca y era posible caminar varias cuadras seguidas sin sufrir una deshidratación crónica. 

Creo que Krishna se dio cuenta de todo lo bueno que hice ayer, porque fui recompensada con un helado de Galleta Italiana (gracias papi) además de una visita rápida a una de mis instalaciones favoritas de la Bienal.

 Cylinder II de Leo Villareal 



domingo, 9 de febrero de 2014

EL CICLO DE LAVADO.

No hay nada que me aburra más que lavar la ropa.
Sobretodo porque tengo que quedarme la media hora del lavado, vigilante. Al armastrote prehistórico que tenemos en la casa a veces se le da por explorar con el realismo mágico, caminando. Si uno se descuida, entre el enjuague y el secado, la muy chistosa empieza a bailar el mapalé de una baldosa a otra. Y es que hay que estar pendiente, porque si se cae, con ella no sólo acaba un ciclo de secado, sino también uno de la historia familiar. 

Igual, hay que darle su mérito. Ya no hacen lavadoras como esas, pero eso si, más de uno se ha llevado su corrientazo por usarla sin chancletas. #TeLoAdvertí #AbuelaStyle  





Un punto a favor de que me toque a mí, el perder media hora de mi vida cada domingo (que bien podría estar usando para ver televisión) es que tengo una excusa para meditar mi cartagenidad. Con el jardín exótico de mi abuela de fondo y  el réquiem/sonata/ópera mañanera de  PLATANITO, PAPAYA, A LA ODDEN es cuando me vienen a la cabeza cuestiones filosóficas del tipo, ¿para qué estoy hoy, pastel? ¿Ayaca? ¿Será que hoy sí vamos al festival del frito? ¿Será que los platanitos manzano ya están en temporada? Temas relacionados con el almuerzo y con la ausencia de este -porque la empleada no viene los domingos- .

Justo cuando estoy ahondando en temas más profundos (el clima que hará mañana, si me compro un brownie  para después de almuerzo o si ya mi abuelo desocupó el periódico, para poder leer los muñequitos) es cuando se detiene el ciclo y toca colgar la ropa. Es cuando todo lo socrático, todo lo aristotélico, de sentarse a mirar lejos mientras escucho a Lana del Rey, desaparece. 




Es cuando empiezan las peleas por sí pedimos arroz chino o lasaña, sí vamos a cine o nos quedamos haciendo siesta. El MIT ha comprobado que el 99.9% de mis planes familiares de domingo acaban en nada, porque 3/4 de la población estudiada deciden deliberadamente dormir hasta las cinco de la tarde. 

Usualmente cuando todos se levantan de su hibernación post comelona, nos quedamos viendo alguna película británica en Film&Arts. Hasta que mi hermana sale con que tiene que hacer tres carteleras para el lunes a primera hora. Mi mama se hace la loca y se vuelve a dormir. 

Ese es el ciclo de cada domingo. Empiezan con "la lavadora que camina" en la mañana y terminan con mi papá haciendo carteleras para ciencias, sociales y castellano, en la madrugada de los lunes. 

sábado, 8 de febrero de 2014

BANDAS SONORAS

Te recomiendo usar audífonos, para que escuches mejor este post. 


Hans Zimmer es uno de los compositores de bandas sonoras más famoso del Hollywood actual.


Básicamente porque ha hecho la música para películas que todo el planeta se ha visto: Piratas del Caribe, El Origen, El Código Da Vinci, Madagascar, El Gladiador, El Rey León y mi favorita de todas, la trilogía de Batman, dirigida por Christopher Nolan.
Recientemente trabajó en 12 Years a Slave, una de mis recomendadas para llorar y que recibió una nominación a los Golden Globes por Mejor Banda Sonora. 

Escuché algunos soundtracks que ni idea que existían y estos son los que más me gustaron:


A Watchful Guardian
Algo característico de su música es el drama y suspenso que le imprime a cada película. En Batman the Dark Knight, esta y Why So Serious? resumen en 15 minutos toda trama de la película. 





Esta en cambio, es más épica por ser para una película medieval. Knight's March de King Arthur. 
  

Una de las cosas que mas me gusta de la música de Zimmer, son los coros. Hacen que a uno se le erice la piel. Eternal Father de la película Crimson Tide 


Si no has escuchado esta, básicamente ha de ser porque vives debajo de una piedra como Patricio Estrella. Drink Up Me Hearties de Pirates of the Caribbean 



Chevaliers de Sangreal de The Da Vinci Code.


Y la ultima, y mi favorita junto con las dos de Batman que postié antes, Time de Inception. 


De ñapa les dejo esta que no es de él, pero que hace parte de una de mis bandas sonoras favoritas. Once There's Was a Hushpuppy de la pelicula Beasts of the Southern Wild.



Y esta de Game of Thrones, Mhysa







viernes, 7 de febrero de 2014

PÁNICO UNIVERSITARIO


Los cambios dan miedo, si no fuera así, no serían significantes en nuestras vidas.


Empezar la universidad, un trabajo nuevo, casarse. Todas las cosas importantes que suceden a lo largo de nuestra existencia, rompen con el status quo de la rutina. Desde qué nacemos, llegamos acompañados de caos para los que nos rodean. Nos toca adaptarnos a las personas y sus tradiciones. 

Cuando ya estamos cómodos, necesitamos abandonar el terreno y adentrarnos en cuerpo y alma a aquello que nos da pánico. Un paso tras otro hasta que, lo que parecía desafiante en un principio, se convierte en la zona zen que nunca creímos posible alcanzar. 



Esa es una ley natural de la vida, ¿donde estaríamos si nos conformáramos con nuestros refugios de paz? Probablemente no hubiéramos pasado más allá de dos años durante la era de piedra. La curiosidad, los retos, la creatividad son las cosas que nos empujan hacia delante -cual propaganda de whiskey-.  Sin embargo, el esfuerzo y el trabajo duro son los motores de esa máquina tan importante que es la imaginación.

No hay nada más rico que quedarse en la inercia, dejando que los hilos que manejan los demás nos muevan. Durante el colegio es así, estudiamos porque nos obligan a estudiar, algunas cosas que no son ni siquiera indispensables para nuestra vida adulta. En cambio. cuando tenemos que ir a la universidad, estamos bajo la presión del futuro incierto, del éxito incierto. Ahora que el reto está en nuestras manos inmaduras, somos nosotros los que decidimos como van a cambiar nuestras vidas. 



Tengo pánico. Los cambios dan pánico, ¿qué voy a hacer el resto de mi vida? ¿En qué trabajaré? ¿Haré lo que me gusta o haré lo que me de plata? 



Cliché, pero la vida es incierta y dañina. "Seguir los sueños" también. No se sí en un futuro le agradeceré a mis papás por impulsarme a esta carrera, que me gusta pero no me emociona. No se sí en un futuro me condene a mi misma si hago lo que me da la gana. 

Sigo en la inercia, ojalá sus plegarias sirvan y resucite al tercer día. 

AMERICAN HORROR STORY

Lección #4 , nunca, pero jamás, nunca, nunca, jamás, jamas, nunca, nunca veas Thriller antes de dormir. 

Ayer empecé una maratón de AHS Coven. Para mi mala suerte, apenas terminó el tercer capítulo me entró sueño, y me dormí. Una siesta larga de cuatro horas. Que dio paso a una pesadilla horrible de tres días (a lo Inception) Hombres que caían del cielo envueltos en sangre. Casas construidas sobre cementerios profanos, horrores indescriptibles -que gracias a dios se me olvidaron- y torturas crueles, asquerosamente gráficas. Puedo dar fe de que Eli Roth dirigió mi pesadilla. 



Lo peor de todo no fue el sueño en sí, lo peor pasó cuando me levanté de la siesta. Eran las ocho de la noche, mi cuarto estaba oscuro y debajo de la puerta no había ni un rayito de luz. Me había quedado sola en la casa. 





Salí corriendo enloquecida, pensando que el sueño todavía estaba pasando y que era real. Mis papás no estaban, tampoco mi hermana. Mi abuela estaba sentada viendo televisión, pero no me atreví a hablarle, la escena parecía sacada de un cuento de los hermanos Grimm, me preocupaba que en cualquier momento se le volteara la cabeza a lo Linda Blair en el exorcista y empezara a corretearme por toda la casa empuñando el cuchillo de cortar carne. Me devolví de la manera más silenciosa posible hasta mi cuarto -que seguía a oscuras- Me armé del valor necesario para llegar hasta el "suiche" de la luz y prenderla. Bajo el amparo de mi lámpara de (vatios) encontré el celular debajo de un nido de sábanas, con 3% de batería, marqué y llame a mi mama. Que no contestó a la primera. 



Cuando al fin se dignó a cogerme la llamada, me contó que estaba en la casa de mi tía, con mi hermana haciendo una tarea ¿? que mi papa se había quedado encerrado en no se dónde, pero qué ya estaba llegando a la casa. El nivel de absurdo de la conversación no hacía sino ponerme cada vez más pasivo-histérica. 



No tengo la más remota idea de cuánto tiempo esperé a mi papá, pero estoy segura de que cuando llegó, percibió el desequilibrio mental por el que estaba pasando. Sobretodo cuándo me preguntó que qué quería comer y yo no le respondí. Me soltó un monólogo, mientras yo miraba con ojos perdidos la pared de la cocina -totalmente metida en el personaje que estaba representando-, le conté del sueño y después de que le hice prometer que vigilara por si alguien venía a asesinarme, me dormí por segunda vez. 







Cuando me levanté eran como las dos de la mañana, debo reconocer que la calma que sentí fue indescriptible. 


A esa hora prendí el televisor y me vi tres capítulos seguidos de Sex and the City por TBS (lo están dando otra vez, por si no sabían) A las cinco se levantó mi mamá, me hizo el desayuno y nos pusimos a hablar de los efectos secundarios para el cerebro de ver televisión antes de dormir. Lo curioso es que nunca he soñado con Jon Snow o Robb Stark, así qué la teoría queda desestimada por el momento. 


Me hizo prometerle que no seguiría viendo AHS, porque eso me iba a hacer daño y yo le hice prometer que me llevaría a almorzar afuera el domingo. Estoy segura de que pediremos lasaña de carne mientras vemos alguna película en  TNT y que esta noche voy a volver a tener pesadillas. 




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