Pueden quitarme todo. El agua, la comida, la cama donde paso 3/4 del día, los libros de Agatha Christie y el antibacterial que cargo en el bolso. Quitenmelo todo. Menos el internet.
La semana pasada lo cortaron. Porque a alguien número uno, se le olvidó darle el recibo a alguien número dos, para que lo fuera a pagar. Hoy me lo trajeron de vuelta. gracias al cielo, a Jehová, a Buda, a Zeus y a Meryl Streep. Tengo mi wi-fi conmigo otra vez, pero solo porque un heroico y desinteresado tercer alguien encontró el recibo y obligó a alguien número dos, a pagarlo en Servientrega, bajo pena de seguir usando los datos del iPhone para ver los capítulos nuevos de New Girl.
Si no hubiera sido por la presión que les puse a mis papás, estaría escribiendo este post como hacían los antiguos cavernicolas; En un SAI.
Ahora, mientras recapitulo esos días desconectada del mundo, me doy cuenta de lo fundamental que es el binge watch (maratón de capítulos de una misma serie) para mi salud mental. Sin Susana y Elvira, The Mindy Project, New Girl, Awkward, Pretty Little Liars, Glee, Community, Breaking Bad y Homeland no soy nadie. Básicamente porque me tendría que comunicar con el resto de la humanidad a punta de referencias nacionales. Y yo no me voy a ver Colombia's Next Top Model NI A PALO.
Gente, es en serio, ¿cómo se ven El Capo y no Breaking Bad? ¿cómo se ven Bazurto y no Homeland? No entiendo de verdad, como viven sin la televisión gringa. Sobre todo porque ahora mismo el cine mundial esta perdiendo campo comparado con Netflix y el poco de paginas web piratas donde uno puede encontrar el ultimo capitulo de Game of Thrones, dos horas después de su estreno, con subtitulos y todo.
Y es que esa aprehensión que le entra a uno por descubrir que rey se muere en Game of Thrones, si alguien se pilla a Mr, White o que van a hacer los terroristas en Homeland, solo se puede comparar con la emoción que me entra cuando me veo mis series girly; cada vez que sale B.J. Novak en The Mindy Project, todo lo que dice Abed, cuando en Glee hacen una presentación como las de la primera temporada y cada vez que Schimdt le habla a Cece, mi corazón baila como Lorde.
Porque me he convertido en Kenneth de 30 Rock. Lo admito. No soy más que una maniática religiosa de la NBC, HBO y todas las cadenas de cable estadounidense: en el celular tengo un calendario que me muestra que días suben capítulos nuevos. Y no me da vergüenza reconocerlo.
Pueden quitarle las series a una persona, pero no pueden quitar a la persona de las series.
(Lo que sea que eso signifique)
