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Cierra los ojos y pulsa play, ábrelos cuando
termine la canción.
Ahora
respira y siente como los pulmones se llenan de aire
¿No sientes que de la misma manera tus venas son llenadas con la música? ¿Qué tu corazón late al mismo compas de los bongós y que conoces el ritmo y la letra de toda la vida, aunque esta es la primera vez que escuchas la canción?
Eso es Caribefunk: la elegancia del piano, el jolgorio costeño y la
cumbia. Caribefunk es tranquilidad, calma y al mismo tiempo explosión de
sonidos, es felicidad, es Cartagena, es Buenos Aires, es Cuba. Caribefunk son
los pequeños detalles escondidos entre las melodías, son los dichos, la
mamadera de gallo, la energía caribe y la bohemia argentina.
La banda la conforman, Funk-Cho,
autor de las canciones, quien también es el guitarrista y vocalista, Junior que toca
el cuatro, Andrés es el percusionista y (Bronson, Sebastián) es el bajista. Si
bien es cierto que la inspiración nace en su tierra natal, la cuna y el
desarrollo de Funk-Cho y el Caribefunker es Buenos Aires, y no podría haber
sido de otro modo, esa ciudad fue la encargada de reunirlos.
Su primer trabajo discográfico
es el resultado de muchas noches en vela practicando, de idas y vueltas,
decepciones y aciertos, es el resultado de unas vidas que se han ido uniendo a través
de la música. Cada canción evoca un sentimiento, un recuerdo, una historia: “San
Antonio” de cabeza, “Mamando Cable”, “Juanita la Chismosa” y “Antónima” son solo una muestra de este trabajo del que
ya soy fanática incondicional.
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